Conversación con mi abuela
Espiritualidad

Conversación con mi abuela

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Mi abuela falleció cuando mi madre tenía 9 años. Hoy su espíritu llegó — poderoso, luminoso, con un mensaje.

Mi abuela falleció cuando mi madre tenía 9 años.

Las condiciones de su muerte son confusas; ella misma me pidió que indagara sobre ello.

Hay una teoría de que pudo morir envenenada por esas tramas de familia que se entretejen en nuestro andar.

Hoy su espíritu llegó, pero ya me había mostrado su verdadero ser en otras ocasiones.

¿Por qué digo su verdadero ser?

Porque se nos ha enseñado que tenemos que liberar nuestro linaje para no repetir sufrimientos, cortar lazos con aquellos que la pasaron mal.

Era algo que tenía pensado hacer junto a mi hermana, hasta que mi abuela llegó en meditación, hace aproximadamente un mes.

En medio de la conexión, yo, con mi espíritu de salvadora, le dije que quería ayudarla a liberar dolor.

No tuve que hablar mucho.

Me dejó callada con su sola presencia.

Llegó poderosa —no tengo otra palabra más acertada para definirla—, llegó en una energía de magnificencia absoluta.

Su sonrisa impoluta adornaba el blanco resplandor que de su alma salía.

Vi su poder y me di cuenta de lo equivocada que estaba al pensar que necesitaba mi ayuda.

No necesitaba nada.

Por el contrario, lo estaba dando todo.

Es una de mis guías espirituales, se me reveló.

Su sabiduría alumbra mi camino.

Y hoy llegó nuevamente con un mensaje.

Le agradecí todo lo que decidió vivir, porque así me lo mostró.

Me habló del sufrimiento y me dijo que las almas que lo escogen son almas iluminadas, expansivas.

Son almas que eligen la real experimentación de la carne para que la huella genere memoria.

Le pregunté: ¿es entonces bueno el sufrimiento, abuela?

Es una elección, me dijo.

¿Si "desatoro" a alguien de su sufrimiento entonces estoy haciendo mal?, pregunté.

¡No!, me dijo.

Es una de las cosas más hermosas que puedes hacer: lograr que alguien reconozca su propia luz para que elija con compromiso.

Te encargas de que vean su luz, pero la decisión de seguir en sufrimiento o elegir otro camino siempre será del alma, y eso se debe respetar.

Puedes guiar, mas no intervenir.

Me mostró cómo ilumina mi camino con un resplandeciente rayo.

Y también me aclaró que, aunque las generaciones actuales piensen que tienen más herramientas, no es cierto. Hay mayor apertura, pero cada alma llega con su propio kit.

Ningún alma necesita nada, pero en amor, todo lo que podamos dar a otro nos lo damos a nosotros mismos.

Me mostró cómo los aspectos que trabajo con las personas a diario son aspectos que trabajo en paralelo conmigo.

Que sanar a otro es sanarme a mí misma.

Que nunca estamos solos.

Y que nuestros ancestros son sabiduría pura.

Se despide desvaneciéndose en ese lugar tan difícil de describir.

Su sonrisa… eso es lo último que veo antes de que la bruma la disipe.

¡Gracias, abuela!